jueves, 6 de junio de 2013

La Santa Misa. Explicada por el P. Pío de Pietrelcina

Blog Católico de Javier Olivares-Baiona
LA SANTA MISA EXPLICADA POR 
SAN PÍO DE PIETRELCINA

(Testimonio del P. Derobert,
 hijo espiritual del Padre Pío)
Él me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.
Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta "marea negra" de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.
El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado...
El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta "Hora".
 
Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presente en el "momento" a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.

El Padre Pío celebrando la Santa Misa
La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso el Padre Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.
Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el Sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.
El "Por él, con él y en él" corresponde al grito de Jesús: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Desde ese momento, el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombres, en adelante, ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: "Padre Nuestro....."
La fracción del Pan marca la muerte de Jesús.....
La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte...) deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa Sangre, marca el momento de la Resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.
La bendición del Sacerdote marca a los fieles con la cruz, como signo distintivo y a la vez como escudo protector contra las astucias del Maligno....

Se comprenderá que después de haber oído de la boca del P. Pío tal explicación, sabiendo bien que él vivía dolorosamente esto, me haya pedido seguirle por este camino...lo que hago cada día...¡y con cuánta alegría!.
Y si llegaba tarde, como un fraile más, sin privilegios,
 sabía pedir perdón en el refectorio. 

http://webcatolicodejavier.org/PadrePioMisa.html


Y ahora, los sacerdotes que hemos leído este testimonio del P. Pio,  podremos sentirnos estimulados a celebrar con más devoción la Santa Misa.
Que conste, que los fieles se fijan mucho en la fe del sacerdote. Se dan cuenta, y se nota mucho, cuando es fiel a las rubricas, o cuando el sacerdote inventa de su cosecha. Todos sabemos, que no somos dueños de la Liturgia. No podemos ni tenemos autoridad para cambiar nada. Los fieles se dan cuenta.
Yo os pediría desde aquí lo siguiente, porque me lo han indicado algunas personas. Y no tengo otro camino para hacerlo.
No celebréis la Santa Misa como los toreros, "mirando al tendido". Y más, tenéis que demostrar vuestra fe, cuando rezáis algunas oraciones como las de después de la Consagración, en especial la anterior a la comunión. Esa oración, si se dirige solo a Jesucristo, y Él está delante de vosotros, bajo las especies sacramentales, que nada ni nadie os quite la atención y que las palabras se dirijan a Él y solo a Él. No se deben decir con la cabeza levantada y sin mirarle a Él, que está ahí...ahí!!!
Y otra cosa más. Cuando presentáis la Eucaristía antes de comulgar, no cambiéis la fórmula establecida, porque contiene palabras evangélicas y del Apocalipsis. Son Palabra de Dios, y no las mezcléis con las vuestras. La palabra de Dios es eficaz: “Este es el Cordero de Dios”…(J. 1,29), y “Dichosos los invitados”.  (Apoc. 19, 9)… ¿Las podéis comparar con las vuestras?
Perdón si molesto, pero algunos sacerdotes parece que hasta quieren decir en ese momento preciso, la filiación, el   domicilio, el número de teléfono, y de cuando vino al mundo y otras muchas cosas más de Jesucristo, que hasta resultan ridículos. ¡Y no se dan cuenta!   Franja.

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